Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Wilde. Mostrar todas las entradas

Carta de Oscar Wilde a Robert Ross



Prisión de Su Majestad, Reading

[Noviembre de 1896]

En cuanto a mí, querido Robbie, tengo poco que decirte para alegrarte. La negativa a condonar la sentencia ha sido como el golpe de una espada de plomo. Me ciega un movido sentimiento de dolor. Me había alimentado de la Verdad y ahora la Angustia, hambrienta, se cierne sobre como desfallecida y necesitada de su propio alimento. Hay, sin embargo, elementos más propicios en el aire de esta prisión de los que había antes: se me ha mostrado simpatía, y ya no me siento completamente aislado de influencias humanizadoras, algo que antes era una fuente de terror y preocupación. Y leo a Dante y hago extractos y tomo notas por el simple gusto de usar pluma y papel. Y parece como si estuviera mejor en muchos sentidos. Y voy a dedicarme a estudiar alemán; de hecho, éste parece el lugar apropiado para tal estudio. Hay una espina con todo –tan dolorosa como la de san Pablo, aunque distinta–, que tengo que sacarme de la carne en esta carta. Ha sido provocada por un mensaje que escribiste en un trozo de papel para que yo lo viera. Creo que si guardara el secreto crecería en mi cabeza (como las alimañas crecen en la oscuridad) y se harían un sitio entre los pensamientos terribles que me corroen…ya que el pensamiento no es, para quienes esperan solos, encadenados y en el silencio, “esa cosa viviente y atada”, como Platón imaginó, sino una cosa muerta que cría algo horrible, como el lodo que muestra monstruos a la luna.

Me refiero por supuesto, a lo que dijiste sobre perder las simpatías de otros, o el riesgo de que eso suceda, por culpa de la profunda amargura de los sentimientos que expresé sobre lord Alfred Douglas, y creo que mi carta se enseñó, a diversas personas, con la parte referida a él suprimida por medio de unas tijeras. Pues bien, no me gusta que mis cartas vayan enseñándose como curiosidades: me parece de mal gusto: te escribo con total libertad y eres uno de mis más queridos amigos, ahora y siempre; y con pocas excepciones, la simpatía de los demás me afecta; su pérdida muy poco. Ningún hombre en mi posición puede caer en la ciénaga de la vida sin que sus inferiores sientan gran piedad; y sé que si las obras duran demasiado, los espectadores se cansan. Mi tragedia ha durado demasiado: su clímax ha terminado: su final es mezquino; y tengo la seguridad de que cuando llegue de verdad el final retornaré a un mundo que no me quiere, como visitante no deseado; un revenant, como lo llaman en francés, como una persona con el rostro gris tras un largo encierro, y contorsionado por el dolor. Por horribles que sean los muertos cuando salen de sus tumbas, los vivos que salen de tumbas son aún más horribles.

De esto soy muy consciente. Cuando uno ha estado en una celda de prisión durante dieciocho meses, ve las cosas y la gente como son en realidad. Y verlo le convierte a uno en piedra. No creas que le culparía a él de mis vicios. Él tuvo tan poco que ver con eso como yo con los suyos. La naturaleza fue en este tema madrasta para ambos. Le culpo por no apreciar al hombre al que arruinó. Un millonario analfabeto le habría sido más conveniente. Mientras mi mesa estuviera roja de vino y rosas, ¿qué le importaba? Mi genio, mi vida como artista, mi trabajo y la tranquilidad que necesitaba para ello, no eran nada para él cuando se comparaban con su gusto, incontenido y bajo, por una vida de derroche y vulgaridad; su avaricia, sus escenas violentas y continuas; su egoísmo sin imaginación. Una y otra vez intenté, durante aquellos dos fatigosos años perdidos escapar, pero siempre me retuvo con él, sobre todo con amenazas de causarse daño. Pero cuando su padre vio en mí un modo de irritar a su hijo, y el hijo vio en mí la oportunidad de llevar a su padre a la ruina, y yo quedé entre dos personas deseosas de insana notoriedad, a quienes nada importaba, salvo su propio odio mutuo, cada uno empujándome por su parte, uno con tarjetas públicas y amenazas, el otro con escenas privada, o mejor dicho, semipúblicas y amenazas en cartas, pullas, comentarios sarcásticos… admito que perdí la cabeza. Le dejé hacer todo lo que le pareció. Estaba ciego, era incapaz de juicio. Di un paso fatal. Y ahora… aquí estoy en un banco de mi celda en prisión. En toda tragedia hay un elemento grotesco. Él es el elemento grotesco de la mía. No pienses que no reconozco mi culpa. Me maldigo día y noche por consentirle que dominase mi vida. Si estas paredes tuvieran eco, se oiría en ella gritar “Idiota” eternamente. Estoy totalmente avergonzado de mi amistad con él. Pues a los hombres se les puede juzgar por sus amistades. Es una de las pruebas que define a un hombre. Y mi vergonzosa degradación me parece más mortificante por mi amistad con Alfred Douglas… cincuenta veces más… de lo que lo es, por ejemplo, por mi relación con Charley Parker, de quien puedes leer la historia en mi juicio. El primero es para mí fuente diaria de humillación mental. En el segundo no pienso nunca. No me molesta. Carece de importancia… De hecho, toda mi tragedia a veces no me parece otra cosa que una caricatura grotesca. Pues, como resultado de haberme dejado empujar a la trampa que me había tendido Queensberry –la trampa en la que apostó públicamente en el Club Orleans que me haría caer– como resultado de eso, el padre pasará a la historia como uno de esos grandes padres de historias morales: el hijo como el niño Samuel: y yo en la más detestable ciénaga de Malebolge, entre Gilles de Retz y el Márques de Sade. En ciertos lugares a nadie, excepto a quienes están realmente locos, se les permite reír, y de hecho, aún en este caso va contra el reglamento: de no ser por eso, me reiría de todo esto… Por lo demás, no permitas que Alfred Douglas imagine que le atribuyo motivos poco dignos. Lo cierto es que no ha tenido motivos en su vida. Los motivos son intelectuales. Lo que él tiene son pasiones. Y tales pasiones son Dioses Falsos que necesitan víctimas a cualquier precio, y en este caso han tenido una coronada de laurel. Por su parte no puede sino sentir cierto remordimiento. Pero que él de verdad se dé cuenta de lo que ha hecho sería una carga demasiado pesada que no podría soportar. Pero a veces debe de pensar en ello. Así que en tu carta cuéntame cómo vive, cuáles son sus ocupaciones, su modo de vida.

Y así en mi carta me he sacado la espina. Aquella línea garrapateada por ti me escocía intensamente. Ahora solo pienso en que tienes que ponerte bueno otra vez, y escribir por fin la maravillosa historia del pequeño restaurante con un extraño plato de pescado que se sirve a los clientes silenciosos. Por favor, recuérdame, con mi agradecimiento, a tu querida madre, y también a Aleck. La dorada Esfinge, supongo, está tan espléndida como siempre. Y envíales de mi parte todo lo que en mis pensamientos y sentimientos es bueno, y a la dama de Wimbledon, todas las reverencias y recuerdos que pueda aceptar, su alma es un santuario para quienes están heridos y un refugio para quienes sufren. No enseñes esta carta a nadie más, ni discutas lo que he escrito en tu respuesta. Háblame del mundo de sombras que tanto amé. Y de su vida y su alma háblame también. Siento curiosidad por quien me envenenó, y en mi dolor hay piedad.

Oscar


ENTRADAS SIMILARES

50 frases de Gray



  
  1. 1.       A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

    2.      Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.

    3.      Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame.

    4.      No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo.

    5.      La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse.

    6.      No hay nada como el amor de una mujer casada. Es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea.

    7.      Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche.

    8.      Las preguntas no son nunca indiscretas. Las respuestas, a veces sí.

    9.      Uno debería estar siempre enamorado. Por eso jamás deberíamos casarnos.

    10.  Cínico: un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada.

    11.  La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.

    12.  Estoy convencido de que en un principio Dios hizo un mundo distinto para cada hombre, y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos, donde deberíamos intentar vivir.

    13.  La única manera en que un hombre debe comportarse con una mujer es: haciendo el amor con ella, si es bonita, o con otra, si es fea.

    14.  Los niños comienzan por amar a los padres. Cuando ya han crecido, los juzgan, y, algunas veces, hasta los perdonan.

    15.  Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más.

    16.  Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo.

    17.  Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen.

    18.  Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.

    19.  Haría cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad.

    20.  Las mujeres feas son celosas de sus maridos. Las bonitas no tienen tiempo, ¡están siempre tan ocupadas en estar celosas de los maridos de los demás...!

    21.  El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.

    22.  Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.

    23.  No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.

    24.  La ambición es el último refugio del fracaso.

    25.  El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices.

    26.  La educación es algo admirable, sin embargo, es bueno recordar, que nada que valga la pena se puede enseñar.

    27.  En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles.

    28.  Cómo tener confianza de una mujer que le dice a uno su verdadera edad. Una mujer capaz de decir esto es capaz de decirlo todo.

    29.  Escojo a mis amigos por su buena apariencia, a mis conocidos por su carácter y a mis enemigos por su razón.

    30.  La fuerza de las mujeres depende de que la psicología no puede explicarla. Los hombres pueden ser analizados; las mujeres sólo pueden ser amadas.

    31.  Cuando un hombre se casa por segunda vez, es porque adoraba a su primera mujer.

    32.  Ningún gran artista ve las cosas como son en realidad; si lo hiciera, dejaría de ser artista.

    33.  Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima.

    34.  El cinismo consiste en ver las cosas como realmente son, y no como se quiere que sean.

    35.  No soy tan joven como para saberlo todo.

    36.  Hay mucho que decir en favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes, nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad.

    37.  La única diferencia que existe entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho es más duradero.

    38.  El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, ésa es la pesadilla de la vida.

    39.  La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que uno es joven.

    40.  Los solteros ricos deberían pagar más impuestos. No es justo que unos sean más felices que otros.

    41.  La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores.

    42.  La realidad es que los éxitos se los llevan los fuertes y el fracaso los débiles, y eso es todo.

    43.  Los hombres casados son horriblemente aburridos cuando son buenos maridos, e insoportablemente presumidos cuando no lo son.

    44.  Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo estar equivocado.

    45.  Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas.

    46.  Mejor ser un cohete caído que no haber resplandecido nunca.

    47.  A mí dadme lo superfluo, que lo necesario todo el mundo puede tenerlo.

    48.  Es bastante difícil no ser injusto con lo que uno ama.

    49.  Los músicos son terriblemente irrazonables. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento que uno desea ser completamente sordo.

    50.  Cuando se está enamorado, comienza uno por engañarse a sí mismo y acaba por engañar a los demás. Esto es lo que el mundo llama una novela.

Dorian Gray, by Oscar wilde

ENTRADAS SIMILARES

El Verdadero Conocimiento


Tú que lo sabes todo; sabes que busco en vano
Semillas y tierras para cultivar con certeza,
Pero la tierra es oscura entre la maleza,
Indiferente a la lluvia o lágrimas que derramo.

Tú lo sabes todo; sabes que me siento y espero,
Con las manos frágiles y los ojos ciegos,
Hasta el último pliegue del velo,
Hasta el ocaso de la puerta.

Tú lo sabes todo; sabes de mi vanidad,
Confío en que mi vida no es en vano,
En que algún día nos tomaremos de la mano
En una extraña y divina eternidad.

Oscar Wilde


ENTRADAS SIMILARES

La Balada de la Cárcel de Reading (fragmento)


[...] Sin embargo —¡Y escuchen bien todos!—
Todos los hombres matan lo que aman:
Unos con una mirada de odio,
Otros con una palabra acariciadora;
El cobarde con un beso,
El valiente con la espada.
Unos matan su amor cuando son jóvenes,
Otros cuando ya son viejos,
Unos lo ahogan con las manos de la lujuria,
Otros con las manos del oro;
Los más compasivos se sirven de un cuchillo,
Del cuchillo que mata sin agonía.
El amor de unos es demasiado corto,
Demasiado largo el de otros;
Unos venden y otros compran;
Unos hacen lo que deben hacer con lágrimas,
Otros sin un sólo suspiro;
Pues todos los hombres matan lo que aman,
Aunque no todos tengan que morir por ello.

Oscar Wilde


ENTRADAS SIMILARES