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Epicuro y la muerte



En su famosa Carta a Meneceo, Epicuro pretende disuadirnos sobre la errada concepción que tenemos referente a la muerte, y cómo ésta no puede ser tan temible como suponemos.

     El Hades y sus jueces, los demonios y sus verdugos; son simplemente alegorías para atemorizar a los sencillos y cándidos, que no deben inquietar a alguien prudente —según el juicio de Epicuro—. En la muerte misma, empero, no hay algo que temer —debido a su propia naturaleza—, ya que jamás coexistimos con ella: mientras nos encontramos nosotros, no está la muerte; cuando llega la muerte, dejamos de estar nosotros. Es decir, según Epicuro, indubitablemente morimos, sin embargo, nunca estamos muertos.

     Lo verdaderamente temible, sería tener consciencia en la muerte, quedarse de algún modo «presente» sabiendo que ya hemos muerto; supuesto absurdissimum y contradictorio.



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Carta a Meneceo (fragmento)


Nadie por ser joven vacile en filosofar ni por hallarse viejo de filosofar se fatigue. Pues nadie está demasiado adelantado ni retardado para lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que aún no le llegó la hora de filosofar o que ya le ha pasado es como quien dice que no se le presenta o que ya no hay tiempo para la felicidad. De modo que deben filosofar tanto el joven como el viejo: el uno para que, envejeciendo, se rejuvenezca en bienes por el recuerdo agradecido de los pasados, el otro para ser a un tiempo joven y maduro por su serenidad ante el futuro. Así pues, hay que meditar lo que produce la felicidad, ya que cuando está presente lo tenemos todo y, cuando falta, todo lo hacemos por poseerla

                                     
Epicuro: Carta a Meneceo http://goo.gl/eH608h

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